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Opinión

La inocencia del chantaje

Ábalos ingresa en prisión provisional acusado de corrupción, mientras Montero niega que el Gobierno vaya a dejarse "chantajear" pese a las crecientes tensiones en Moncloa y Ferraz. El artículo especula sobre las posibles revelaciones que Ábalos podría destapar (Air Europa, hidrocarburos con Venezuela, la trama Koldo) y reflexiona sobre el funcionamiento, aunque lento, de la Justicia española.

1 de febrero de 2026

La inocencia del chantaje

Van tres de los cuatro del proverbial Peugeot. Van dos de dos, de los que fueran mariscales en Ferraz, pasando por Soto del Real. Y va, la delfina del socialismo, María Jesús Montero, médico convertida en recaudadora y susanista convertida en sanchista, por razón de dinero, por razón de política o por razón de vocación; decía, va la vicepresidenta primera, y dice que “este gobierno jamás se va a dejar chantajear por nadie”, tampoco el partido, y que “eso lo sabe el señor Ábalos”. Un señor Ábalos —el primer diputado en entrar en prisión de la historia— que, sabiéndose como se sabe, dice que “¡Soy inocente! Aunque me pidan 24 años por delitos que no he cometido, lucharé por la verdad y la justicia, aunque digan que soy culpable” (por favor, échenle un ojo a su reformado X, que no tiene desperdicio). Desde prisión, dice “no me van a callar”.

Volviendo, sin embargo, a Montero, resulta cuanto menos curioso que, al tiempo que se acusa de chantaje al exministro y desde los mentideros del progresismo institucional se tacha al ex-ministro de “golfo”, la cosa esté causando la crisis que se ha desatado en Moncloa y Ferraz. La cuestión es que, conditio sine qua non, para la existencia de un chantaje, es primero necesario algo con lo que chantajear, es decir, una verdad que como poco incomode y como mucho encarcele. De la sincronizada editorial que ingenió la fachosfera, que el juez Peinado tenía dos DNIs, que existía connivencia entre el TS y el ICAM o que nos lleva repitiendo desde hace tres años la falsedad de la operativa en contra del matrimonio presidencial, ahora llega que la figura de Ábalos —con miedo como tenía el pobre a la cárcel— es poco menos que un fariseo de vida alegre. Curiosamente, será quizás la primera verdad que reconocen de toda la ristra de dobleces y calumnias que llevamos desde 2018, pero quizás sea también otra mentira. “Con lo poco que me queda”, defenderá Ábalos su inocencia.

Quizás el miedo en Moncloa no venga ahora de los psicóticos audios de Koldo o de las declaraciones con raro avistamiento de prueba de Aldama, sino del frío que metafórica y literalmente Ábalos pueda pasar en Soto del Real. De lo insospechado e insondable de sus actos futuros. 24 años son muchos años rodeado de cemento y criminales, más aún si ya cuentas 66 inviernos. Ábalos ya ha empezado a dar, no obstante, signos de lo que puede venir: la reapertura del caso —y ahora con pruebas— de la relación entre Begoña Gómez y Air Europa; nuevas revelaciones sobre la trama de los hidrocarburos y Venezuela, Zapatero y Bono mediante; sorpresas sobre las mascarillas de archipiélago; nuevas sino sobre las “lechugas” o la fontanera, novísimas entonces de Delcy en Barajas o de “¿la Fiscalía de quién depende? pues eso”; o cuestiones sobre la negociación vis à vis Sánchez-Otegi en un bucólico paraje guipuzcoano, a fin de investirse el primero con los apoyos del segundo. Esto último ha sido negado por ambas partes, pero tampoco sería descartable la aparición de nuevos audios entre los ingentes bytes de Koldo.



A Ábalos el juez lo ha enviado a prisión provisional no porque haya cometido ningún delito, sino porque cree que los indicios son suficientes para poder llevar a su condena por los delitos imputados y porque la pena solicitada por la Fiscalía anticorrupción (tal y como argüía la propia Fiscalía) pudiera ser presión suficiente para la huida. Las informaciones de Segundo Valle y la mansión en Perú que no existía hasta que existió parecen refrendar la tesis del Ministerio Fiscal.

Lo que Koldo, quien dijo que de Barajas y Venezuela no hablaría “ni muerto”; Ábalos, entre las “sobrinas” de vida alegre y los “líderes autoritarios con medios comprados” —esto es a Sánchez—; Cerdán, si es que se decide a colaborar con la Justicia antes de estrellarse cual automotor sin luces por el túnel de Belate; Aldama, de prestado o de tapado; Leire; Hidalgo; Valle, o quienes vengan la semana que viene puedan esclarecer de la plétora de causas que rodean al PSOE y al presidente del Gobierno solo le queda decidirlo propia, legal, averiguatoria y constitucionalmente, sí, a la Justicia. Pese a lo malo, resulta que la Justicia española funciona, mas si lenta. Que son, de hecho, los mismos “fachas con toga” los que condenaron al Fiscal General hace una semana que los magistrados que sentenciaron Nóos y Gürtel.

En este país, no diré desde hace poco (basta ver las fotos de Barrionuevo entrando en la cárcel o las de los ERE), a la Justicia se la trata de menos. Mucho más si condenan a los propios, pero ay, cuando son los del contrario. Cabe augurar el proceso, o bueno, los procesos se dilatarán por tiempo tendido pero, malgré tout, lo cierto es que raro sería que alguien pretendiera veinte años de pesadilla y ventisquero, pan y agua, libros y hormigón… sin pretender alivio, endose o redención. Hay cosas que simplemente ni por fe ni sacrificio llegan, tampoco por roja devoción.  

Escrito por

Miguel Ángel Roldán Martín