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Economia, Empresa y Derecho

La economía española avanza con fuerza en 2025, pero el déficit estructural y las pensiones amenazan la estabilidad futura

España cierra 2025 creciendo por encima de la media europea (2,8% interanual), impulsada por el consumo privado, el empleo y la inversión empresarial. Sin embargo, el déficit estructural, la elevada deuda pública y el aviso de la OCDE sobre el peso de las pensiones (más del 16% del PIB en 2050) plantean serias dudas sobre la sostenibilidad fiscal a largo plazo.

1 de febrero de 2026

La economía española avanza con fuerza en 2025, pero el déficit estructural y las pensiones amenazan la estabilidad futura

España cierra 2025 con una mezcla peculiar de optimismo y preocupación. Por un lado, los datos avanzados confirman que la economía vuelve a crecer por encima de la media europea; por otro, las instituciones económicas alertan de que el país sigue sin resolver algunos de sus problemas más profundos. El resultado es un escenario de contrastes: expansión económica sostenida acompañada de tensiones fiscales que podrían empeorar en los próximos años si no se encaran con reformas de calado.

Según los datos recientes del Instituto Nacional de Estadística, el PIB aumentó un 0,6 % en el tercer trimestre y un 2,8 % interanual, cifras que consolidan el buen ritmo alcanzado desde comienzos de año. El consumo privado mantiene un papel protagonista, impulsado por una mejora general del empleo y por la moderación de los precios en sectores clave. A esto se suma un repunte en la inversión empresarial, favorecida por la llegada de los últimos tramos de fondos europeos y por un entorno financiero algo más estable de lo previsto.

En paralelo, organismos como la Cámara de Comercio de España y varias entidades bancarias han revisado al alza las previsiones para 2025, situándolas en torno a un 2,9 % de crecimiento, medio punto más que sus estimaciones previas. Este empuje también se refleja en el sector servicios: el índice PMI registró en octubre la mayor expansión de la actividad en diez meses, impulsada por nuevas contrataciones y un aumento sostenido de la demanda.

A pesar de estos avances, la situación financiera del Estado continúa siendo un motivo de inquietud. Diversos analistas coinciden en que España arrastra un déficit estructural que no se corrige incluso en épocas de crecimiento sólido. Según varios estudios, los ingresos públicos crecen menos deprisa que el gasto, especialmente en áreas sensibles como pensiones y sanidad, lo que dificulta que el déficit baje de forma duradera. Esta brecha explica por qué, incluso con un PIB al alza, la deuda pública se mantiene en niveles elevados y obliga a destinar una parte significativa del presupuesto únicamente al pago de intereses.

El otro gran reto se encuentra en el sistema de pensiones. La OCDE ha advertido recientemente que España será, en 2050, el país que más porcentaje de su PIB destinará a financiar las prestaciones de jubilación, superando el 16 %. La causa principal es demográfica: menos contribuyentes jóvenes y más personas jubiladas presionarán aún más las cuentas públicas. En este contexto, el anuncio de que las pensiones subirán un 2,7 % en 2026, aunque positivo para el poder adquisitivo de los pensionistas, ha reavivado el debate sobre la sostenibilidad del sistema a largo plazo.

El Gobierno defiende que las reformas introducidas en los últimos años garantizan la estabilidad y respetan el principio de revalorización según el coste de la vida, pero varios economistas consideran que todavía queda un ajuste importante pendiente. Insisten en que, si no se acometen cambios estructurales, el peso creciente de las pensiones limitará la capacidad del Estado para invertir en innovación, infraestructuras y transición digital, pilares fundamentales para sostener el crecimiento de una economía moderna.

A medio plazo, España se enfrenta así a un desafío doble: continuar aprovechando la inercia positiva que el país muestra en empleo, inversión y actividad económica, y al mismo tiempo corregir las desigualdades internas que amenazan la sostenibilidad fiscal. Mantener el dinamismo sin caer en desequilibrios requiere una estrategia coordinada entre políticas de crecimiento, disciplina presupuestaria y reformas sociales ambiciosas.

El próximo año será clave para determinar si esta etapa de expansión se consolida o si las tensiones estructurales terminan por frenar el progreso. Por ahora, España avanza, pero lo hace sobre un terreno que exige cautela, planificación y voluntad política para garantizar que el crecimiento de hoy no sea la fragilidad de mañana.

Escrito por

Mabel Córdoba