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Política y Sociedad

La desconfianza ciudadana, la crisis de representación política

El artículo analiza la creciente desconfianza de la ciudadanía española hacia sus partidos políticos, atribuida a una degradación del debate público en confrontación personal y descalificación mediática en lugar de diálogo constructivo. Esta desafección afecta especialmente a los jóvenes, cuya escasa representación e integración en los partidos pone en riesgo el relevo generacional del sistema democrático.

7 de noviembre de 2025

La desconfianza ciudadana, la crisis de representación política

La situación de la política en España se ha visto afectada por una problemática durante los últimos años, la falta de confianza de la ciudadanía en sus representantes. Esto ha generado una falta de interés y desconexión entre la población y los partidos políticos, dejando entrever una situación crítica para la sociedad y, en general, de afectación a todo el sistema democrático.

La función de un partido político, en su definición, se basa en garantizar la representación de los intereses e ideologías de los electores en el Congreso de los Diputados. Si bien esta teoría parece sencilla, en la práctica esto no puede llevarse a cabo si los electores no confían en estas entidades políticas.


Al detenerse y analizar el motivo de esta desconexión con el paso del tiempo, observamos el cambio de la percepción política a lo largo de las etapas del país. Históricamente, debe recalcarse que cuando se reinstauró la democracia en nuestro país tras la época franquista, fue gracias a todo lo que lucharon tantos colectivos cuando estaba instaurada la dictadura (en muchos casos poniendo en riesgo sus vidas y exponiéndose a ser perseguidos). Pero, ¿por qué la sociedad de aquella época luchó por un sistema de representación política que hoy en día ya no se considera auténtico o veraz?

Si bien es cierto que no hay un motivo único con el que responder esta cuestión, el cambio en la estrategia de muchos de los partidos con más fuerza en nuestro país ha influido notablemente. Hoy en día, la política que se desarrolla en nuestro país no es, el diálogo constructivo entre las entidades de representación de la ciudadanía, si no una continua confrontación y recriminación entre bandos.


La carga mediática a la que se someten estas entidades es muy elevada y, eso es una herramienta que, si bien es cierto que con anterioridad se utilizaba para promocionarse a través de las redes sociales o los debates públicos, hoy en día tiene fines mucho más descalificativos y con faltas de respeto constantes (Tweets o Tiktoks ofensivos desde las cuentas verificadas de otros partidos).

Esto genera un clima de conflicto que termina perjudicando a la sociedad, la cual deposita su confianza en estas organizaciones para que representen sus intereses, alcancen acuerdos en las Cámaras y contribuyan a mejorar o resolver los problemas del país, entre otros objetivos. Quizás sea la decepción de observar que la imposibilidad de alcanzar un acuerdo radica en que el debate se deriva hacia el ámbito personal, con continuos reproches entre las partes, en vez de escuchar las propuestas que se realizan lo que conlleva a una desconfianza hacia el ámbito de la política en la sociedad. 


Aunque esta desconfianza se haya impregnado en la ciudadanía en general, ha calado más entre los jóvenes, provocando que haya porcentajes muy bajos de representación juvenil en los partidos políticos o que se desaproveche a los que deciden entrar. Como dijo Patricia Correa en Agenda Pública “ Estamos desaprovechando a los jóvenes activos que deciden entrar en política”, y quizás los partidos se olvidan que el futuro del sistema recae en las futuras generaciones. 


En conclusión, esta desafección entre los partidos políticos y la sociedad recae principalmente en la incompetencia en temas de resolución o proposición de medidas. Sobre todo en temas de afectación y relevancia a la población, lo que comportará a una necesaria reconsideración de las estrategias que emplean los partidos políticos. Además de  provocar una necesaria definición de los límites que deben cumplirse para respetar los valores que permiten el correcto funcionamiento del sistema democrático, como lo es el respeto entre diputados, el respeto entre personas.


Escrito por

Alba Gallego Martínez