Hace unos días se hicieron virales varios vídeos de Flashback grabados en el Saló de l’Ensenyament. En ellos, se preguntaba a adolescentes —muchos de los cuales estarán en la universidad el próximo año— cuestiones básicas: quién es el presidente de Cataluña o cuándo murió Francisco Franco.
Las respuestas eran, en un primer momento, sorprendentes. Algunos mencionaban a Pedro Sánchez, otros a Salvador Dalí o Salvador Espriu, ¿hace gracia no?. También hubo quien respondió “Collboni” o, simplemente, “no lo sé”. Aunque estos fragmentos puedan arrancar una sonrisa, muestran un problema más profundo: la desconexión de muchos jóvenes con la realidad política e histórica que los rodea.
El presidente actual es Salvador Illa, quien reaccionó afirmando: “hem de corregir-ho, això. Hem de tornar a conèixer la Generalitat i les persones que en formem part.” Sus palabras subrayan la importancia de que los ciudadanos comprendan el sistema que les afecta directamente. Pero no se trata solo de un problema individual: probablemente, si el presidente fuera otra persona, el nivel de desconocimiento sería similar. Este es un fenómeno colectivo.
La situación se agrava cuando se analiza el conocimiento histórico. Ante la pregunta sobre cuándo murió Francisco Franco, algunas respuestas situaban el acontecimiento en siglos como el XV o el XVIII. Otras simplemente evitaban contestar. Lo que comienza como un dato anecdótico refleja, en realidad, una falta de familiaridad con la memoria histórica y con los procesos que moldearon nuestra sociedad. La dictadura de Franco no fue un hecho menor ni lejano; su recuerdo y sus consecuencias siguen presentes en nuestra vida democrática, y olvidarlo supone perder perspectiva sobre los derechos y libertades que hoy disfrutamos.
Como señaló nuestro profesor de economía en clase, no es normal que esto esté pasando: este es el futuro, y necesitamos que quienes formarán parte de él tengan las herramientas mínimas para comprenderlo. Y yo misma debo reconocerlo: también debería estar más informada. Esta autocrítica evidencia que la educación ciudadana es responsabilidad de todos y no solo de una generación.
Desde una perspectiva jurídica, esto tiene especial relevancia. El artículo 27 de la Constitución reconoce el derecho a la educación, que no se limita a aprobar asignaturas, sino que debe formar ciudadanos capaces de comprender el sistema político y ejercer sus derechos de manera consciente. La Generalitat de Catalunya decide sobre educación, vivienda y movilidad: aspectos que afectan directamente la vida cotidiana. No conocer estas instituciones ni a las personas que las lideran compromete la participación democrática efectiva.
Conviene recordar que todos esos jóvenes, al final, votarán. Todos nosotros votamos. Y el voto no es un gesto vacío; es una herramienta para decidir cómo se gobierna nuestra sociedad. Por eso, entender a quién votamos y por qué es un deber ciudadano tan importante como el propio derecho a participar.
El problema real no es la ignorancia puntual, sino la normalización de esa ignorancia.
Si dejar de saber deja de importarnos, la democracia se debilita.
Este fenómeno nos invita a reflexionar: ¿cómo podemos esperar tomar decisiones responsables si no comprendemos los sistemas que las hacen posibles?
Por eso, estos vídeos no son solo entretenimiento. Son un espejo de nuestra sociedad y una llamada de atención: para construir un futuro sólido, necesitamos ciudadanos informados, críticos y conscientes de que la democracia no se sostiene únicamente con el acto de votar, sino con la comprensión y el compromiso de quienes la ejercen.

