Cada vez que en la sociedad ocurre un caso de acoso, la gente reacciona con tristeza, horror y con promesas sobre “se tiene que hacer algo”. Esto ocurre durante los días o meses después de la tragedia pero luego, volvemos al punto de partida, a las personas que sufren acoso a diario en silencio y las instituciones no hacen nada. Es muy triste pensar que nadie interviene a tiempo. Las instituciones educativas no pueden seguir actuando como si el acoso fuera un asunto que no les pertoca.
Las leyes existen. ¿Se aplican?
La LOMLOE y los protocolos autonómicos contra el acoso imponen a los centros el deber de prevenir, detectar y actuar. Aunque esto exista, las leyes solo sirven si se aplican, y en muchos casos de acoso, o no se aplican o no se aplican a tiempo. El problema no es que no haya leyes, sino que no se aplican en la vida real.
Demasiadas veces los protocolos se activan tarde o nunca, porque el miedo institucional de los centros educativos les genera más miedo que la propia protección del alumno.
Quien acosa, quien sufre y quien calla
La persona que acosa no siempre es consciente del daño que está provocando a la otra persona, o simplemente lo minimiza. “No es para tanto”, suelen decir.
Estas personas creo que buscan una sensación de control o de poder e intentan sentirse fuerte dentro de un grupo y hasta hay veces que buscan ocultar sus propias inseguridades haciéndole ver a otras personas las de la víctima. Detrás de estas personas hay muy poca empatía y falta de educación.
También, como en el centro educativo, por ejemplo, no hay “consecuencias” , este acoso se termina normalizando porque “nadie hace nada”.
Comprender la dignidad de las personas es una base fundamental en cualquier convivencia.
La prevención del acoso se empieza escuchando de verdad a quien pide ayuda y explicando que el respeto no es una opción, sino un derecho básico.
Desde mi punto de vista, casos como el de Sandra Peña no deben solo ser recordados como tragedias, sino como advertencias para prevenir y para que no vuelva a ocurrir una situación como esta. Me parece una vergüenza que haya tanta gente en esta situación. No podemos dejar que la indiferencia se lleve a las personas. Tiene que haber una humanidad colectiva.

